domingo, 1 de junio de 2008

Lectura y efecto

Acabo de terminar de leer una obra ante la que mantengo sentimientos verdaderamente opuestos. Durante su lectura, había momentos en los que sentía la necesidad de arrojarlo a la basura y darme una ducha que me limpiara de la suciedad que desprendían de sus páginas, lo que no le hubiera parecido bien a los dueños legítimos del libro (me refiero a lo de tirarlo a la basura, desconozco qué pensarían de mi búsqueda de higiene); y al mismo tiempo quería y debía continuar aprendiendo en/de sus lecciones. No considero "Las particulas elementales" (Michel Houellebecq) una obra maestra, y desde luego no se la recomiendo a personas con tendencias depresivas o caracteres profundamente melancólicos; sin embargo, he de reconocer que durante una semana ha tenido una presencia abrumadora en mis pensamientos, si no directamente, sí a través de las reflexiones que desarrollan sus personajes y que se trasladan a tu propia psique con desesperante facilidad, y ello dice mucho a su favor.
No voy a continuar aquí los razonamientos del libro, pero sí destacaría la imagen que transmite del ser humano, terriblemente pesimista y demoledora en sus consideraciones sobre nuestro egoísmo, crueldad o vanidad (aunque reconozca aspiraciones nobles y capacidad para amar). La fuerza insuperable que me empujaba a seguir leyendo era, en cierto modo, el temor de la certeza de esa concepción. Me intrigaba saber si, al pasar las páginas, encontraría alguna frase o alguna acción que pudieran aparecer, en algún momento, en mi boca o en mis manos. Haciendo un paralelismo cinéfilo, me preocupaba descubrir que es posible para cualquier ser humano caer en el "lado oscuro".
Por suerte, es difícil identificarse con los protagonistas, hay barreras insalvables, pero la preocupación persiste. ¿Cómo no ser egoísta en un mundo egoísta, lleno de gente instintivamente egoísta? ¿Cómo evitar ser ambicioso en un sistema económico que fomenta la ultracompetitividad y la ambición? O, si esas preguntas no acuden a tu cabeza, ¿cómo no sentirte perdido si no le encuentras significado a lo que te rodea, y sientes un automatismo en los demás que no consigues (ni quieres) en ti? La verdad es que cuando una lectura genera auténticas "comeduras de cabeza", entran tentaciones de hacer una hoguera con todos ellos, pero luego aparece Ruiz Zafón, por ejemplo, y te devuelve una pizca de fe. Y eso es justo lo que voy a hacer, empezar a leer "El juego del ángel". Y en cuanto recupere mi fe perdida, me tiro en paracaidas. ¿No es un mal plan, no?